Atraer fauna al jardín II


Ya os menté en temas anteriores la importancia que tienen las abejas solitarias en la polinización de muchas especies, y os indiqué algunas de las plantas propicias para atraer insectos a nuestros jardines.

Las abejas o “Apiformes” comprenden cerca de 6000 especies en el Sur de Europa, repartidas en siete familias: Andrenidae, Anthophoridae, Apidae, Colletidae, Halictidae, Megachilidae y Melittidae. Dentro de éstas familias, existen diferentes estrategias para la construcción de su nido, especies como las del género Xilocopa sp. taladran directamente sus galerías en madera seca, otras, como Ceratina sp. utilizan plantas de médula blanda para realizar sus puestas, otras como Colletes sp. excaban galerías en taludes, y así diferentes especies que utilizan diferentes substratos. No obstante, existen numerosas especies que no son capaces de excavar sus propios agujeros y en absoluto desprecian tallos huecos, orificios realizados por otros insectos o por el ser humano. Estas especies son las que ocuparán nuestro nidal artificial.


Este tipo de nidales para himenópteros, pueden ser ocupados también por algunas avispas solitarias, que utilizan como alimento de sus larvas diversas presas que capturan y paralizan con su aguijón, tales como orugas de mariposas, arañas, etc. que posteriormente almacenan en las cámaras de cría.

No hay que olvidar que este tipo de abejas y avispas solitarias no suelen ser nada agresivas ni territoriales como pueden ser sus parientes gregarias que no dudarán en picar por defender su nido.
 
Existen diferentes tipos de nidales prefabricados para abejas en el mercado, pero yo os propongo la construcción de uno, de una manera fácil y rápida. El que yo he realizado está hecho de cañas y carrizo.

Para empezar, es necesario cortar trozos de caña (Arundo donax) y carrizo (Phragmites australis) de la longitud de un entrenudo, dejando el tallo abierto por un extremo y cerrado por el otro, estos trozos constituirán la galería de cría para los insectos.

A continuación, se procede a cortar la base de un tiesto de plástico y se rellena todo con las cañas cortadas, dejando todos los extremos abiertos hacia el mismo lado y al mismo nivel.

Como veis, quedan cañas de diferentes diámetros y longitudes, aumentando así las posibilidades de que sea colonizado por diferentes especies. Para aumentar la consistencia de este nidal, he empleado yeso moreno en este caso, aprovechando que tenía por casa, lo he utilizado para fijar los extremos posteriores y darle más estabilidad al conjunto.

El último paso es colocarlo en su sitio, yo lo he puesto orientando la entrada hacia el sur, para que reciba mayor insolación, en un lugar tranquilo, para que los insectos no se sientan molestados por el paso de personas. Para evitar que se pueda llenar de agua de lluvia, lo he colocado con una ligera inclinación hacia la entrada, y he colocado una piedra plana que hace de techo.

Ahora solo queda esperar que los insectos lo encuentren y decidan anidar en el. Ya os contaré si hay suerte.

Flora palustre


Las zonas húmedas son unos ecosistemas muy singulares y muy vulnerables, ya que cualquier acción sobre ellos puede modificarlos considerablemente o hacerlos desaparecer. Tradicionalmente se han considerado terrenos baldíos en los que no se podía cultivar, foco de enfermedades ligadas a la presencia de mosquitos como puede ser el paludismo. Por estas razones, históricamente se han venido desecando, casos llamativos han sido el “Mar de Campos”, recuperado en parte (La Nava, Villafáfila, Boada) o la Laguna de Villena, desecada en el siglo XIX. En el mejor de los casos eran toleradas por tratarse de cotos cinegéticos como la Albubera de Valencia o el Fondó en Elche.

Una de las grandes amenazas de las zonas húmedas es la eutrofización, es decir, el aporte excesivo de nutrientes en sus aguas, este fenómeno crea desequilibrios en las dinámicas de vegetación, favoreciendo aquellas especies de crecimiento rápido y gran porte que monopolizan la superficie del humedal impidiendo el desarrollo de otras especies más interesantes para el ecosistema.

Al tratarse de sistemas en los que entra materia y nutrientes de fuera en ocasiones vertidos directamente, en otras por infiltraciones de purines de granjas o abonos nitrogenados de los cultivos, pero ésta no es eliminada posteriormente por otras vías, pueden producirse una serie de problemas derivados del exceso de vegetación. La materia seca de carrizos o eneas se acumula bajo el agua, produciéndose una fermentación que consumirá el oxígeno del agua quedando éste medio poco apto para los peces y otros organismos. Otro de los problemas que conlleva el crecimiento desmesurado de la vegetación palustre es la colmatación del lecho de la marisma o la laguna por la acumulación sucesiva de los residuos formándose turberas.

Algunas de las actuaciones que se llevan a cabo en los humedales dentro de los planes de gestión de estos espacios, están encaminadas a reducir a unos límites tolerables las cantidades de platas emergentes (helófitos), que son necesarias en cierta proporción, pues son fundamentales como refugio y lugar de nidificación de aves, se trata de carrizos y eneas fundamentalmente, para favorecer así la aparición de platas sumergidas (carófitos) que entre otras funciones destaca la de oxigenar el agua y servir de alimento y refugio a la fauna, especialmente insectos u otros artrópodos.

De entre los métodos que se suelen emplear para controlar el exceso de plantas helofíticas en los humedales, estos son los más comunes:

La quema controlada ha sido un sistema tradicional y que en algunos lugares se sigue realizando, tiene la ventaja de ser muy barato y muy rápido, pero los inconvenientes lógicos de estar tratando con fuego, peligro de incendios forestales, nubes de humo, contaminación atmosférica, etc. Además, el fuego destruye a su paso toda la vida que encuentra por encima del suelo como insectos que alimentan otras especies, y además, las cenizas producidas son ricas en nutrientes que servirán de abono para la rápida regeneración de la cubierta vegetal.



La siega mecánica se realiza mediante máquinas cosechadoras, que además realizan el empacado del residuo para una cómoda extracción posterior. Este sistema se hace indispensable para los proyectos de recuperación de suelos contaminados por metales pesados, en estos proyectos se aprovecha la capacidad que poseen estas plantas para captar elementos como puede ser el plomo (procedente de perdigones de caza), incorporándolos a sus propios tejidos. Para realizar la descontaminación del suelo es necesario extraer posteriormente las plantas mencionadas del humedal para que el plomo no vuelva al suelo.

El decapado es otra técnica que consiste en eliminar la primera capa de tierra del fondo de la laguna, para este fin se emplea maquinaria pesada que aprovechando periodos en los que no exista inundación, para eliminar esta capa de suelo y con ella los rizomas de carrizos y eneas para evitar su reaparición en algunos años. El problema que tiene es además de su elevado coste económico es el coste ecológico que produce, pues introducir este tipo de maquinaria en ecosistemas tan sensibles como los humedales puede tener consecuencias muy negativas sobre las poblaciones de anfibios y reptiles del lugar, por poner un ejemplo, ya que estos animales se entierran para sobrevivir a los periodos secos, si eliminas el suelo, los arrastras con el. No obstante, en ocasiones puede ser interesante realizar un decapado cuando los depósitos de materia orgánica muerta han colmatado el lecho y dificultan la inundación de las zonas predestinadas a ello.

Una solución que aúna medidas ecológicas, pues no se emplea maquinaria ni se expulsan grandes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera, y que a su vez puede servir para fomentar el desarrollo local, es el pastoreo, tanto con animales domésticos como silvestres, por ejemplo mediante ciervos, en cuanto a ganado doméstico existen diferentes alternativas, las vacas se adaptan muy bien a estas tareas, pero sus excrementos son demasiado abundantes y por lo tanto producen una alta eutrofización de las aguas, convirtiéndose al final en parte del problema, ovejas y cabras no terminan de adaptarse a los periodos de inundación, existen algunas razas de caballos que están acostumbrados a comer con las patas sumergidas en el agua, se les conoce como "caballos retruerteros", y son una de las mejores opciones para esta labor, ya se emplean desde hace años en sitios como Doñana o la Laguna de la Nava en Palencia.