El cazador cazado


En el mundo de las avispas podemos encontrar un grupo de especies consideradas temibles depredadores. Orugas, saltamontes, arañas, se cuentan entre sus víctimas más frecuentes. 

Uno de los grupos más espectaculares lo constituye la familia de los pompílidos (Pompilidae) conocidas como cazadoras de arañas. Estas avispas solitarias, generalmente de considerables dimensiones y color negro, aunque pueden presentar otras variantes de color como rojos, blancos o naranjas. Todas ellas se caracterizan por utilizar a las arañas como fuente de alimentación para sus larvas, utilizando una única presa por cada larva. Por lo general, las avispas paralizan a las arañas con el veneno de su aguijón y depositan un huevo sobre la misma, la larva se alimentará de la araña mientras todavía está con vida. Algunas especies suelen acarrear a sus presas hasta un nido excavado en la tierra de donde emergerá su cría una vez ha completado su ciclo larvario. Otras especies pueden poner un huevo directamente sobre la araña, sin llegar a paralizarla, en este caso, la larva se alimenta de la hemolinfa de la araña sin causarle la muerte hasta mucho más tarde.

La relación predador-presa en estas especies presenta diferentes variantes, desde aprovechar los encuentros fortuitos hasta la caza especializada, produciéndose verdaderos enfrentamientos entre la avispa y la araña que cesarán cuando la araña quede paralizada con el aguijón de la avispa o en caso contrario, que sea la avispa presa de ala araña, aunque este caso se suele dar con menor frecuencia.

En las fotos podemos ver un pompílido tratando de arrastrar una araña de gran tamaño, tal es la desproporción entre la presa y el predador, que la esforzada avispa era incapaz de levantar el vuelo cargada con la araña que servirá de alimento a su prole y tenía que contentarse con arrastrarla a duras penas por el suelo.

1 comentario:

Fernando J. Feliu dijo...

Fantástico documento, es increible hasta donde llega la especialización en la evolución de las especies.

Un saludo.